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A todo libro le llega su película...

A todo libro le llega su película, parece ser un signo de nuestros tiempos. Tal vez por ello Cementerio de papel, la novela de Fritz Glockner, encontró un director que la llevara a la pantalla.


A pesar de que el autor “no anda con la novela bajo el brazo a ver quién la hace película”, ésta se dio más bien como producto del azar.


Sin embargo, a pesar de haber sido nominada en el pasado festival de Guadalajara como mejor película, el filme sólo ha estado en el cine Morelos, en Cuernavaca, una semana en cartelera.


Y es que, por increíble que parezca, a los distribuidores de cine de este país el tema les da miedo. Es por ello que la presentación tuvo que ser en la tocinería de Jesús Manuel Hernández y no en una sala comercial.



Del papel a la pantalla


Un día Fritz Glockner presentó su ópera prima Veinte de Cobre en Cuernavaca, es ahí que el director Mario Hernández se le acerca para invitarlo a escribir un guión para un documental sobre Rosario Ibarra de Piedra.


En principio a Glockner la idea le parece interesante, pero es cuando el director le dice qué es lo que desea narrar con el filme, cuando el novelista le recomienda leer Cementerio de papel. “Porque lo que me quieres decir que quieres contar, ya lo conté en esa novela.”


Entonces Mario Hernández compra la novela, se la lleva “aún con la idea de lo que iban a filmar es un documental sobre la Rosario Ibarra”.


A la semana Fritz recibe una llamada de un entusiasmado Mario Hernández, en la que le dice que la novela es muy cinematográfica, “¿por qué no mejor la novela la llevamos a la pantalla?”.


La idea, sobra decirlo, es fascinante para el también autor de Un pueblo en campaña.


Sin embargo no lo compra por entero, “el cine es una pompa de jabón donde todo puede igual no ser. Siempre estuve poco ilusionado, porque cualquier piedrita en el camino podía evitar la filmación, la producción, la postproducción… Pero bueno, ya verla me genera una sensación diferente, ver a tus personajes echando desmadre. Pero sí, estoy muy satisfecho con el trabajo final”.


Pero no sólo eso, Glockner se metió tanto en la producción, que estuvo muy ligado a la creación del guión —aunque finalmente lo acabó Javier Robles—, estuvo cinco de las seis semanas de rodaje, más por vivir la experiencia que por meterse en las decisiones, y hasta se estrena como actor secundario. “Cualquier reclamo sobre mi actuación, díganle a Alberto Estrella, que fue mi maestro.”

www.diariocambio.com.mx



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